lunes, septiembre 22, 2008
Hot cakes
miércoles, septiembre 10, 2008
El Gran Colisionador
Un primer haz de protones fue inyectado poco después de las 09:30 hora local en el LHC, un anillo de 27 km de circunferencia enterrado a 100 metros bajo tierra en un lugar, cercano a Ginebra, situado en la frontera entre Francia y Suiza.
viernes, septiembre 05, 2008
Por burlarme del Gordito
Lo peor del caso es que alguna vez me burlé largamente del Gordito cuando confesó que había pasado toda la noche despierto sufriendo de este ominoso mal. Nunca imaginé que algún día sería yo el que lo padeciera. Ni siquiera veía lejano el día en que yo tuviera que preocuparme por algo así. Que se preocupen los rucos, como el Gordito, yo mientras puedo burlarme de ellos, pensaba con candidez.
Recuerdo que me reí en su cara y él me reclamaba que no era gracioso, que de verdad sufría terribles ardores, un fuego interno que le quemaba y le recorría todo el tracto digestivo. Un río de lava, fuera de cauce, violento, desbordado.
Me refiero a las agruras.
Yo nunca en mi vida había tenido agruras y, como dije, siempre asocié este mal con el inexorable paso del tiempo, con un achaque más de viejito. Como una consecuencia de sus desórdenes alimenticios, de sus excesos. Y no lo digo nada más por el Gordito pues es cierto que él tiene algunos momentos de mesura (jajaja). A lo largo de mi vida he conocido a varios que sufren de este mal y comparten las mismas características: atasques de comida, de bebida, de grasa, de alcohol, de cigarro, malpasadas y sí, son rucos, los años ya les pesan, se les acumulan en la espalda y los van cargando como una pesada piedra (por donde vivo hay una fábrica de blocks que se llama “Las Piedronas” y tiene un dibujo de Pedro Picapiedra. Esto nada tiene que ver con el tema pero quise mencionarlo).
Y ahora a mí me pasa esto. Pfff. Es cierto que me comí unas tostadas con salsa para cenar y que seguramente esa es la razón por la que ahora siento estas asquerosas contracciones que suben hasta la garganta pero antes podía zamparme unas enchiladas de mole para la cena y no tenía que preocuparme por eso, ni andar cargando pastillitas ni tomar nada. No estoy seguro pero creo que una vez el Ewok se tuvo que parar en una farmacia a comprar un remedio porque ya no aguantaba las agruras, jajaja.
No estaría tan preocupado si no fuera porque apenas el sábado me comí un alambre vegetariano y me cayó pésimo, llegué directo a la farmacia buscando un Alka Seltzer porque no podía con la acidez y la indigestión. Tantas veces me burlé de aquellos que sufrían de estos males y ahora soy yo el que no puede comer algo sin considerar si me va o no a provocar agruras, chale. ¿Será que ya estoy ruco? ¿Ahora sí de verdad me alcanzó el tiempo? Es cierto que todavía tengo buena retroalimentación cuando me calculan la edad pero no me puedo engañar a mí mismo, no me puedo mentir, sé que esto es en definitiva un evidente signo del paso de los años, no se es el mismo que hace cinco, seis, siete años.
Pero no me desanimo ni mucho menos. Por supuesto que no pienso acostumbrarme a las agruras, son horribles y asquerosas. No les pondré tanta salsa a las tostadas y no volveré a comer donde me sirvieron ese infame alambre. Y sólo como medida precautoria, me compraré unas Tums de bolsillo, por si acaso me asaltan las agruras en las altas horas de la noche, como ahora.
Ya no ha vuelto a tronar
- Hijo, qué bueno que no lo agarró a usted, si no, lo mata.
Y luego procedió a contar con todo detalle dos casos de personas que fueron alcanzadas por un rayo; una murió después de pasar una temporada en el hospital, la otra sobrevivió pero nunca le volvió a crecer pelo y ahora anda por el pueblo con peluca.
Se supone que eso me consuele.
Luego me dio los siguientes consejos, los escribo sin ningún orden en particular.
1.- No bañarse cuando hay tormenta
2.- Si usted es muy limpio y decide bañarse cuando hay tormenta, use chanclas.
3.- No tocar guitarra eléctrica mientras diluvia, atrae los rayos (que mamada, de haberlo sabido antes)
4.- Si le cae un rayo y sobrevive, considere comprar una peluca. O varias, así podrá cambiar de look con facilidad, a nadie le gustan los simplones con el mismo peluquín aburrido.
El lunes pasado volvió a tronar. Se fue la luz y los rayos se veían atemorizantes por la ventana, toda la casa tronaba y sentí miedo. Me puse chanclas y me agarré a la puerta, por eso de que la madera no es conductor. Finalmente me acosté, cerré los ojos y desee que dejara de llover. Me quedé dormido. Esta vez nada se quemó, tuve la precaución de desconectarlo todo. Ya no ha vuelto a tronar.
sábado, agosto 30, 2008
¡¿Qué pedo con mi suerte?!
Estoy harto, estoy harto, me quiero largar al DF. Tiene una semana que llegué y ya estoy hasta la madre. Nomás llegue el puente y me voy, no soporto estar aquí.
Entiendo que esto no es nada grave, que hay gente en el mundo que sí puede lamentarse por verdaderas tragedias y espero que nada feo me ocurra a mí ni a mi familia ni a toda la gente que quiero ni a la gente buena del planeta, pero de todos modos esto no deja de ser una patada en los huevos y llega en uno de los peores momentos en los que se puede recibir una patada en los bajos. Que poca madre.
martes, agosto 26, 2008
1:53
Para terminar con mi serie de posts acerca del Medio Maratón de la Ciudad de México y todo el tempo que pasé entrenando, me gustaría compartir con todos los asiduos lectores de BRB's (¿?) la siguiente imagen, en la que queda demostrado una vez más que salgo pésimo en las fotos de la llegada de las carreras. Sin embargo, deseo que quede como testimonio del empeño que puse para alcanzar esta meta; me sirvió mucho para enfocarme estas últimas semanas y lidiar con mi creciente neurosis.
Me viene a la mente una frase motivadora que quiero compartir con mis fieles lectores y que le da mucho sentido a todo esto de la carrera, por lo menos en mi caso.
"The more I run, the more I want to run, and the more I live a life conditioned and influenced and fashioned by my running. And the more I run, the more certain I am that I am heading for my real goal: to become the person I am." --George Sheehan.
Ahora tomaré dos semanas de descanso, sólo EasyRun tres veces a la semana para acelerar la recuperación antes de ver la siguiente meta en el horizonte. No quiero acelerarme ni precipitarme pero los 42.195 kilómetros se me presentan cada vez como algo más real y más cercano, tal vez sea en Miami, no lo sé, tengo tiempo para pensarlo antes de decidirme pues pienso que el Maratón es una de las metas más ambiciosas que cualquiera se puede poner en la vida, no sólo en lo deportivo sino en el humano, el Maratón es una experiencia tranformadora y reveladora, no se es el mismo después de imponerse un objetivo como ese y conseguirlo... por eso pienso meditarlo con calma antes de tomar una decisión, mientras tanto, no puedo dejar de ver mi medalla, está bien chingona, con todo y que dice Telcel, hehehe.
Y sí, volví a levantar lo brazos al cruzar la meta
sábado, agosto 09, 2008
Momento histórico
Radio free Europe, Radio free Europe
Qué chingona la greña de Stipe y qué chingón bailan Mike y Peter
jueves, agosto 07, 2008
Fernando Martí Haik
Se solicita chofer
domingo, agosto 03, 2008
Sigo corriendo y sigo ocupado
viernes, agosto 01, 2008
México es un país tocado por la gracia donde una cubeta se transforma en objeto de poder. Que algo tan simple adquiera tanta fuerza explica la genialidad de nuestras mentes, dispuestas a ver marcianos en el Ajusco, conspiraciones en cualquier oficina o pelos en una sopa que está a tres mesas de la nuestra.
El mexicano es un ser con la cabeza llena de símbolos. Al enfrentar un balde en la calle distingue algo más: un talismán de soberanía. Un turista podría pensar que se trata de un objeto abandonado por descuido. Más ducho en metáforas, el mexicano entiende que representa un acto de propiedad provisional: el dueño de la cubeta domina ese trozo de nación. Los extranjeros no captan este símbolo. Por eso no podemos reconquistar Texas con cubetas.
Es posible que el culto se remonte a la lluviosa antigüedad y las vasijas del hombre mesoamericano. La cubeta alude a la gruta del origen, cavidad esencial en las mitologías prehispánicas. Se presume que los fundadores de México-Tenochtitlan vinieron de Chicomostoc, Lugar de las Siete Cuevas. En el inconsciente colectivo -esa abstracción que no se borra con el photoshop- el receptáculo que podemos llevar a todas partes tiene que ver con el comienzo y el fin de la vida: la matriz y la urna. Además, nuestro precario ecosistema ha dependido de los altibajos del agua, que a veces inunda, a veces no llega, nunca se está quieta en forma satisfactoria. El balde providente sirve para las goteras o para acarrear agua desde la toma vecinal. Total que hay bases sólidas para una futura antropología de la cubeta.
Esto lleva a una pregunta: ¿por qué los huacales sirven para el mismo efecto? Sin tener conexión con el agua, ni la gruta del origen, ni la matriz, ni nada que no sea contener verduras, también se usan para apropiarse de varios metros de República. Esto se debe a que los símbolos son raros; unos remiten a una compleja narrativa y otros nada más son símbolos. Pensemos en la iconografía del Metro capitalino. La estación Balderas es representada por un cañón que alude a la vecina Plaza de la Ciudadela, escenario de la Decena Trágica. En cambio, la estación Chabacano es representada por un fruto sin más historia patria que ser un chabacano. Siguiendo el ejemplo, podemos concluir que la cubeta narra muchas cosas y el huacal sólo molesta. Ambos son igual de eficaces porque en este país se discrimina a las personas pero no a los símbolos.
Resulta imposible luchar contra los mitos. No me propongo erradicar una creencia que comparto. Lo que me parece negativo es que unas cubetas valgan más que otras.
Todos los mexicanos respetamos ese objeto de poder, pero no todos podemos colocarlo donde queramos (por ejemplo, no es válido sustituir una cubeta ajena por la que uno lleva en el coche). Hasta donde entiendo, hay dos maneras básicas de usufructuar la cubeta. La primera consiste en tener una casa, una oficina o un negocio y extender el título de propiedad hasta la calle. La segunda consiste en llegar de lejos con una cubeta y pactar con los poderes fácticos, que en este caso no son Televisa, Carlos Slim o la jerarquía eclesiástica, sino los representantes hiperlocales de la ley: un policía de crucero, el gallo fuerte de la cuadra, la señora que se la pasa aventando baldes de agua a la banqueta y se fija en todo. Para ejercer el cargo de Señor de la Cubeta se necesita otro símbolo: un trapo gastado hasta lo indecible. Quien compre una jerga y aspire al puesto queda descalificado. Estamos ante otro talismán sagrado: es menester que el trapo haya sufrido por nosotros; su color y su textura son los de la angustia del hombre ante el destino.
Lo malo de las costumbres es que a veces no sabemos si siguen siendo costumbres o ya son crisis. La cubeta ritual podría desembocar en algo así. En el Distrito Federal escasean empleos y lugares de estacionamiento. El problema se resuelve en parte convirtiendo un espacio vacío en un empleo. La persona que lo administra suele ser amable y deja el pago a criterio del cliente. Sin embargo, esto se presta a abusos. No pretendo criminalizar la cubeta ni eliminar una fuente de trabajo. Trato de evitar que la tensión social llegue a una indeseable "guerra de las cubetas".
La modalidad más abusiva de esta tradición es el recipiente que ha sido llenado de cemento y que el ciudadano común sólo puede retirar a cambio de una hernia. En tal caso, el sitio está "ocupado" hasta que llegue el único vehículo que se puede estacionar ahí y dos guardianes despejen las cubetas. El gobierno de la ciudad debería iniciar un operativo para acabar con los bloques que ocupan impunemente espacios públicos. También habría que eliminar las cubetas que sirven de chantaje comercial (sólo las retiran si compras un antecomedor de triplay en la mueblería).
Por último, y sin perjudicar a nadie, se podrían suprimir todas las demás cubetas y asumir respetuosamente que en cada espacio disponible hay un balde imaginario. Esto acabaría con la molestia de buscar infructuosamente al dueño del objeto sagrado, bajar del coche a retirarlo y soportar los claxonazos consecuentes.
Hay tradiciones que perduran aunque su motivo haya desaparecido: decimos "no me había caído el veinte" en una época en que no se usan veintes para hablar por teléfono.
En respeto al mito, propongo que se quiten las cubetas pero el chofer se dirija al cuidador con esta pregunta: "¿es usted el de la cubeta?". Aunque no haya un balde a la vista, eso permitirá a los mexicanos del futuro decir: "Nuestros antepasados no se entendían con palabras y necesitaban colocar un objeto en el suelo; la cubeta servía para solicitar la lluvia (en agua o dinero) e impedir que alguien se estacionara sin rendir pleitesía al Señor de la Dificultad, que entonces era fundamental".
No es una explicación muy exacta, ¿pero quién quiere que las leyendas sean precisas?





