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miércoles, octubre 08, 2008

¿Qué pasa cuando los planetas se alinean?

Siempre he pensado en las veces en las que convergen ciertos personajes en determinado tiempo y espacio. Esas lindas coincidencias son las que se nos aparecen repentinamente y se convierten en episodios memorables de nuestras vidas. Pero no se vayan, no se me vayan, este para nada es un post cursi ni azotado ni depresivo ni maniaco, empero, sí habla de los mística conjunción del continuo tiempo/espacio y sus agradables consecuencias.


Una de los hechos absolutos e incontrovertibles de mi vida como estudiante universitario fue la austeridad. Como cualquier digno estudiante, mis años en la universidad fueron de pobreza completa. Ah, no recuerdo tiempo más pleno y gozoso. Mis padres se esforzaron para que su hijito el mayorcito, como diría Germán Dehesa, pudiera aspirar a una vida digna estudiando en una de las universidades más caras de México. Como es natural, uno tenía que pasar ciertas privaciones a cambio del raro privilegio de asistir a esas aulas colmadas de niños mimados. Su hijo, en generosa respuesta decidió que no iba a dedicarse a nada de lo que estudió y acabó... bueno, esa es otra historia.


Pero bueno, antes de estudiar en esa otra universidad de colegiaturas exageradas. yo estudiaba en otra universidad que ¡era gratis! Así es, era gratis y sin embargo no recuerdo esos días como llenos de opulencia, lujos y excesos sino caracterizados por la misma frugalidad de mis años en la otra universidad, es por eso que me abrogo el derecho de contar con plena autoridad la siguiente historia que da cuenta de las que pasaba tratando de sobrevivir con escasos pesos en el bolsillo.


Estudiaba en la primera universidad, la gratuita, y pensar en ir a comer a mi casa era un caro anhelo, jamás me sería concedido el degustar los alimentos que amorosamente preparaba mi mamá y regresar a la escuela pues ésta quedaba muy muy muy lejos del domicilio familiar de aquella época ahora tan perdida en el tiempo.


Bajo las circunstancias, había que echar mano de la variada oferta gastronómica del área. Infinidad de platillos se ofrecían en los alrededores de la universidad para los que como yo, teníamos que comer por ahí. Conocí el amplio espectro de garnachas, cocinas económicas, tacos, comidas corridas, quesadillas, restaurantes vegetarianos, gorditas, barras de ensaladas, tortas, tacos de guisado, entradas, sopas, postres, sopes, you name it. Desde los premium hasta los más pobretones, comí en todos (o en casi todos, tengo mis límites).


Un día de esos, por circunstancias que no recuerdo (a ver si luego me ayudan a recordar), estábamos D y yo fuera del primer círculo de restaurantes, en un área ya un poco alejada y cuya oferta gastronómica nos era desconocida. El hambre apretaba y había que comer algo, la zona no nos presentaba muchas opciones y como dije, el presupuesto era limitado. Después de cavilarlo, nos encontramos frente a un puesto de quesadillas atendido por una venerable ancianita (qué lugar común) que con descuido lanzaba diversas figuras de masa sobre el burbujeante aceite.


Nos plantamos frente a su alta presencia para solicitarle sus amables servicios pero en respuesta, la anciana nos dio una mirada de desprecio. En este tiempo todavía no hacía mi característico gesto de sorpresa/indignación/repudio/incredulidad (ya saben cuál, el que le copié a Robert de Niro en la peli esa) pero no he juzgado momento más adecuado para hacerlo que ése. La viejecilla no parecía dispuesta a mitigar nuestra creciente hambre.


No obstante su manifiesto repudio, nos mantuvimos firmes y templados esperando que su eminencia nos obsequiara con alguno de sus suculentos platillos y nos atrevimos a hacer sendas peticiones. Creo que yo ordené una de chicharrón y una de papas con chorizo y D pidió una de hongos y una de queso, algo así. El chiste es que a la señora pues le hacíamos lo que el viento a Juárez, o sea, le venían guangos nuestros deseos y nuestro gesto desfalleciente y quién sabe si se le iba a antojar atendernos pues no decía ni sí ni no; un misterio insondable esa señora, no había ni cómo adivinar lo que pasaba por su loca cabecita blanca.


En ese momento ya era difícil tomar una decisión: si nos íbamos, quedábamos como unos cretinos que no pudieron defender sus derechos como consumidores, si nos íbamos y le mentábamos la madre, íbamos a quedar como unos mierdas por insultar a la rucailita, si nos quedábamos, quién sabe si a la malgenuida de la señora se le iba a pegar la fregada gana de atendernos, por dónde la viéramos, estábamos amolados, pues.


En esos momentos de terrible confusión y abrumados por la situación ocurrió lo impensable. Se dio la mística conjunción espacio/tiempo a la que me referí anteriormente.


Primero se sugirió un viento tranquilo, un leve silbido que alborotó los pelos de la trenza de la ruquis. Después, el airecillo tomó mayor fuerza y en unos segundos ya era un viento endemoniado. La señora tenía un hule que hacía las veces de pared y techo de su puesto pero ante el azote del viento, comenzó a convulsionar agresivamente (el hule, no la señora). La Chica Insen (tomo prestada esta denominación) se debatía entre mantenerse de pie y conservar su dignidad o ver caer su puesto ante la furia del viento.


Lo que siguió después fue bastante extraño. El puesto colapsó. Volando salieron los trastes con tinga, sesos, chicharrón prensado, flor de calabaza, hongos, papas. Los comensales huyeron despavoridos atragantándose sus quesadillas y con los platos de plástico de colores en la mano. Nosotros nos mantuvimos ahí un segundo justo para escuchar a la señora mascullar algunas maldiciones y moverse muy rápidamente, como en las películas de Los Polivoces cuando ponen a Naborita en cámara rápida. Movía los brazos como si nos la estuviera rayando pero no creo que nos la estuviera mentando a nosotros sino a los que se fueron sin pagar. O a lo mejor sí. No pudo con la humillación de ver su puesto por los suelos luego de haberse portado de manera tan jactanciosa y soberbia.


Total que acabamos en unas pizzas.

lunes, septiembre 22, 2008

Hot cakes

Cuando era niño y mis papás me llevaban a desayunar, siempre pedía hot cakes. Cuando fui un poco mayor ya no pedía hot cakes "dólar" (¿por qué tenían ese nombre? Mi teoría es que es una más de las estrategias del Imperio para manipularnos y controlarnos), esos eran para los niñitos, pedía los de adulto, tres hot cakes grandes rebosantes de miel y mantequilla. Abusaba de la miel y los bañaba en maple, nunca les ponía miel de abeja, la odiaba. ¿Cuál era el chiste de pedir hot cakes si se les iba a arruinar con miel de abeja? Me sabía (me sabe) demasiado dulce, demasiado azucarada. Nada como la morena y consistente miel de maple. Tiene el cuerpo ideal para caer calmadamente sobre la porosa y tibia superficie de unos humeantes hot cakes, coronados por una alegre bola de helado de vainilla, es ésta una de las visiones más perfectas. En un momento, todos los que se reúnen en torno a unos hot cakes se encuentran a salvo, nada hay que pueda perturbar ese instante.


Ahora que soy adulto (ja), pago mis cuentas y mis desayunos, sigo pidiendo hot cakes. Es cierto que en algún momento los abandoné en favor de los huevos al gusto, los chilaquiles con carne asada y los molletes, pero nunca dejé de pensar en ellos. Cuando era niño pensaba en por qué los adultos pedían enchiladas cuando podían pedir hot cakes, no lo entendía. Después comprendí que a veces a uno simplemente se le antojan otros platillos, al final del día lo cierto es que uno inexorablemente regresara a los hot cakes.


Me gustan los hot cakes.

viernes, septiembre 05, 2008

Por burlarme del Gordito

Últimamente he estado padeciendo uno de los males que históricamente he asociado con el progresivo envejecimiento, un síntoma que sólo presentan los rucos, los que ya no gozan del vigor, la energía y la fuerza de nosotros los jóvenes.

Lo peor del caso es que alguna vez me burlé largamente del Gordito cuando confesó que había pasado toda la noche despierto sufriendo de este ominoso mal. Nunca imaginé que algún día sería yo el que lo padeciera. Ni siquiera veía lejano el día en que yo tuviera que preocuparme por algo así. Que se preocupen los rucos, como el Gordito, yo mientras puedo burlarme de ellos, pensaba con candidez.

Recuerdo que me reí en su cara y él me reclamaba que no era gracioso, que de verdad sufría terribles ardores, un fuego interno que le quemaba y le recorría todo el tracto digestivo. Un río de lava, fuera de cauce, violento, desbordado.

Me refiero a las agruras.

Yo nunca en mi vida había tenido agruras y, como dije, siempre asocié este mal con el inexorable paso del tiempo, con un achaque más de viejito. Como una consecuencia de sus desórdenes alimenticios, de sus excesos. Y no lo digo nada más por el Gordito pues es cierto que él tiene algunos momentos de mesura (jajaja). A lo largo de mi vida he conocido a varios que sufren de este mal y comparten las mismas características: atasques de comida, de bebida, de grasa, de alcohol, de cigarro, malpasadas y sí, son rucos, los años ya les pesan, se les acumulan en la espalda y los van cargando como una pesada piedra (por donde vivo hay una fábrica de blocks que se llama “Las Piedronas” y tiene un dibujo de Pedro Picapiedra. Esto nada tiene que ver con el tema pero quise mencionarlo).

Y ahora a mí me pasa esto. Pfff. Es cierto que me comí unas tostadas con salsa para cenar y que seguramente esa es la razón por la que ahora siento estas asquerosas contracciones que suben hasta la garganta pero antes podía zamparme unas enchiladas de mole para la cena y no tenía que preocuparme por eso, ni andar cargando pastillitas ni tomar nada. No estoy seguro pero creo que una vez el Ewok se tuvo que parar en una farmacia a comprar un remedio porque ya no aguantaba las agruras, jajaja.

No estaría tan preocupado si no fuera porque apenas el sábado me comí un alambre vegetariano y me cayó pésimo, llegué directo a la farmacia buscando un Alka Seltzer porque no podía con la acidez y la indigestión. Tantas veces me burlé de aquellos que sufrían de estos males y ahora soy yo el que no puede comer algo sin considerar si me va o no a provocar agruras, chale. ¿Será que ya estoy ruco? ¿Ahora sí de verdad me alcanzó el tiempo? Es cierto que todavía tengo buena retroalimentación cuando me calculan la edad pero no me puedo engañar a mí mismo, no me puedo mentir, sé que esto es en definitiva un evidente signo del paso de los años, no se es el mismo que hace cinco, seis, siete años.

Pero no me desanimo ni mucho menos. Por supuesto que no pienso acostumbrarme a las agruras, son horribles y asquerosas. No les pondré tanta salsa a las tostadas y no volveré a comer donde me sirvieron ese infame alambre. Y sólo como medida precautoria, me compraré unas Tums de bolsillo, por si acaso me asaltan las agruras en las altas horas de la noche, como ahora.

viernes, junio 06, 2008

Mis vacaciones

Cuando uno era chico y comenzaba el año escolar el maestro siempre pedía a sus estudiantes que escribieran una composición (término que encuentro misterioso e insondable) acerca de sus vacaciones. El título invariablemente era "Mis vacaciones" y dependiendo del grado escolar, el nivel de detalle y la narrativa iban aumentando en complejidad. Así pues, la composición de segundo de primaria en su mayoría eran enunciados breves, punto y seguido y algún detalle en el que la inquieta mente del estudiante se perdía durante los dos meses del verano, por lo que en su mayoría esta clase de escritos resultan monotemáticos y son del tipo: Mi primo tiene un perrito y jugamos con él. El perrito es cafe y se llama Chicozapote pero yo le digo Snoopy. Mi mamá me dijo que me va a comprar un perrito. En Veracruz hay muchos plátanos.


Cuando uno tiene un poco más de consciencia le da por comparar sus vacaciones con las de los demás. Se vuelve una suerte de competencia para ver quién pasó las mejores vacaciones y en las composiciones de estos estudiantes se habla de lugares lejanos, playas de ensueño, personas interesantes, viajes en avión, souvenirs costosos y fotografias en lugares exóticos, de los que la única referencia que uno tiene es por la televisión. Las Pirámides de Egipto y mamadas por el estilo son lugar común. En general resultan aburridas y pretensiosas.


Cuando uno es adulto, el profesor ya no le pide que escriba una composición sobre sus vacaciones. Según me acuerdo, hasta secundaria se habla del tema con el maestro. Yo tenía una maestra de Geografía (Miss Lolita) que siempre me preguntaba que había hecho en el verano. Siempre me decía por mis dos apellidos y eso me hacía sentir raro, la manera en que lo decía la hacía sonar verdaderamente interesada en lo que había hecho los últimos dos meses. En general casi no salíamos de vacaciones en el verano porque lo hacíamos en temporada baja, para no encontrar los lugares atascados (jaja, la verdad es que es más barato). Aaah, mis padres son tan buenos que a sus hijos escolares les regalaban una semana extra de vacaciones, sin perjuicio alguno si por haberse ausentado de clases uno reprobaba una materia. Unos santos, de verdad.


Después el tema ya no se trata en el salón de clases sino con los amigos y entonces ya se hacen otras cosas. Ya no se escriben composiciones ingenuas ni se habla con los profesores ni se vacaciona con los padres. En la universidad se vacaciona con los amigos, en tremendas borracheras que duran días y días en las que ocurren historias de lo más divertido. Esto dura algunos años, hasta antes de tener responsabilidades de adulto (o sea, de hueva).


Superada esa etapa, se llega a un punto en el que las vacaciones ya no son reseñables, ya no hay nada que contarle a nadie porque los recuerdos sólo le quedan a uno.


No importa mucho el lugar ni lo que se hizo ni se vio tal o cuál cosa. En realidad uno se va de vacaciones por razones mucho más poderosas que el destino o las atracciones del lugar. Tampoco se hacen las cosas típicas que hacen los turistas. Y estar de vacaciones así es lo mejor, ni siquera llevé cámara, no tomé una sola foto de un lugar. Y me divertí como nunca.


Las vacaciones son lo mejor, lástima que haya tan pocas.

sábado, mayo 03, 2008

Más de Juno

Debido a mi recientemente adquirida obsesión por Juno, he estado recordando partes de la película que me gustaron.


La escena en la que Juno le pregunta a Vanesa Loring dónde está el baño es tremendamente graciosa (Room with the toilet, got it). Juno sube y comienza a revisar las cosas de Vanesa, incluso se pone una crema bajo los ojos y hace muecas frente al espejo, luego se pone el perfume de ella y ya cuando va para abajo se topa con Mark Loring. Ahí tiene lugar otro gracioso diálogo entre ellos antes de que Juno vea la Les Paul de Mark y entren al cuarto de él a ver la guitarra más de cerca.


Juno le dice a Mark que a ella le gustan más las Gibson que las Fender y luego se ponen a tocar juntos antes de que Vanesa suba y los interrumpa. La canción que están tocando es Doll Parts, de Hole.


Es una gran canción, de hecho, todo ese disco (Live Through This) es muy bueno y hay un buen de historias alrededor de él. Que si Kurt le escribió todo el disco a Courtney, que si Billy Corgan y Michael Stipe le regalaban canciones, que si no sé qué. El chiste es que captura la energía y el rock de esa época. Verso - Coro - Verso. Melodías punk/pop/rock. Ah, extraño 1994 (no mames, este disco salió hace ¡¡¡14 años!!! ¡¡ya estoy ruco!!). Y la Courtney, a pesar de lo gorda que me cae, sí rockea. Otra buena de ese álbum es la de Violet que, casualmente, ayer recordé porque vi un pedacito del video en un cagadísimo capítulo de Beavis and Butt - Head que estaba viendo a altas horas de la madrugada.

Les dejo el video y si tienen más tiempo vean el de Violet que creo lo dirigió Samuel Bayer y tiene una parte chingona en la que un tío le da un golpe a una rata y a unas chavas bailando ahí semidesnudas.



Doll Parts - Hole



Violet - Hole

domingo, marzo 09, 2008

¿Ya estoy ruco para aprender a tocar la guitarra?

Pues nomás léanle. Esto es tenerlos bien puestos y no payasadas (está chida esa frase, tiene balls). Todo el tiempo me quejo, que si me falta esto, que si me falta el otro, que si todo me queda lejos, que si me da hueva hacer las cosas. Una historia excepcional. Tener 101 años y seguir teniendo ánimo, voluntad, ganas, disciplina, amor, coraje para hacer las cosas es algo maravilloso. Ahora sí voy a retomar el francés, ya estuvo bueno.

Aprende a leer y escribir a los 101 años
El próximo paso de Sebastiao Oliveira es estudiar los cuatro años de primaria
AFP

Sao Paulo, Brasil (9 de marzo de 2008).- Sebastiao Oliveira, un jubilado de 101 años de edad, finalizó un curso de alfabetización y recibirá la semana próxima el diploma correspondiente en el municipio a Ampere, interior del estado deParaná, sur de Brasil, informó ayer el diario O Estado de Sao Paulo.

En los últimos meses, don Sebastiao recorrió diariamente, a pie, los 800 metros que separan la escuela de su domicilio, para compartir el curso de alfabetización para adultos con compañeros de 20 años de promedio. Ahora prevé realizar los cuatro primeros años de educación primaria.

"El tiene aún dificultades con palabras complejas, pero es algo normal a causa de su edad y de sus problemas de visión. Es un proceso lento, pero su ejemplo quedará para todos", dijo al diario su maestra Dilamar Savagnago.

Don Sebastiao, en tanto, recordó que aquel que no lee sabe la falta que hace. Por eso las personas deben aprovechar las oportunidades y aprender siempre.

"Antes iba a comprar cualquier cosa y no sabía lo que era, precisaba pedir ayuda, no sabía ni firmar mi nombre, pero ahora la vida mejoró mucho", confesó el nuevo alfabetizado.

Recordó además que cuando era niño no había una escuela cerca y después tuvo que trabajar para criar a sus hijos. Oliveira tuvo 12 hijos e hizo que todos estudiaran.

Ahora tiene más de 80 nietos y bisnietos y ninguno queda sin estudiar, incluida su esposa, Carmelinda, que tiene 74 años, y que ya sabía un poco, pero que ahora lo acompaña, destacó don Sebastiao al periódico.